persusnibaes - Monstruo
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Ana y Luís se perdieron entre los viñedos a la hora del almuerzo y nadie supo de ellos por un buen rato.   Hacia días que no se veían y Luís lo primero que hizo al llegar a Monte Grande desde La Serena fue buscar a su amada niña.   Ana era una hermosa muchacha que trabajaba como temporera en los viñedos del Valle del Elqui. La pobreza era tal entre los temporeros que nadie había terminado los estudios básicos y muy pocos sabían leer. A pesar de la gran riqueza que traían al país esas viñas y la calidad de los vinos que producían estas tierras, los trabajadores que hacían el trabajo más importante de recoger la fruta de la Vid eran muy pobres y desde niños debían olvidar el colegio para ayudar a sus padres y mantener la familia.
 ­           -Amor hace días que no nos vemos.
  -Si y tengo tantas ganas de estar contigo.
           -Vamos.- dijo Luís y se internaron entre los gigantes viñedos valle abajo donde nadie los pueda ver. A esa hora de pleno sol los capataces y los jornaleros tomaban su merienda sentados en el surco a la sombra de la viña. Ana y Luis se perdieron de vista muy pronto.
           -Ya bájate eso mi vida.
           -Si mi amor, pero despacio.
            Los enamorados consumaban su amor a pleno día a las sombras de la Vid que poco a poco iba entregando su fruto al hombre, jugoso y rosado.
           De pronto un avión se escuchó pasar a mediana altura y Luis cubrió los cuerpos de su enamorada y el suyo con sus ropas, para no ser tocados por la lluvia aparentemente inocua que arrojaban los aviones pesticidas. Era un vuelo bajo y lento, como si el avión estuviera cansado. Muy pronto desapareció para irse a otros viñedos y lentamente los enamorados concluyeron su acto de amor. Luego se incorporarían al trabajo de recoger y recoger las uvas maduras para la próxima fiesta de la vendimia.
            Pasaron los meses y Ana tuvo la noticia, no muy bienvenida entre sus padres, que estaba esperando un bebe. Luis en cambio saltó de alegría y comenzó rápidamente a construir en un extremo del sitio donde vivía, lo que seria su futuro hogar, una rancha de un ambiente y Ana era todo lo que necesitaría.
            El bebe llegó y grande fue el susto que se llevaron los nuevos padres al saber que el niño venia con problemas y rogaron a Cristo y la Virgen María para que su hijo no muera.
            Los médicos no sabían que ocurría con el niño, quien tenía una gran joroba a la altura de las caderas que posiblemente no lo dejaría nunca caminar, además tenía un brazo pequeño colgando junto al brazo izquierdo y enorme fue la repulsión de su abuela al verlo y salir corriendo de la rancha donde Ana había dado a luz, gritando.
            -¡Es un monstruo, mi nieto es un monstruo!
           A pesar de las complicaciones, el niño sobrevivió y quizás en la India hubiera sido venerado como un dios, mas aquí, en El Elqui era aborrecido por sus primos y tíos que no querían verlo desnudo.
           Ana durmió intranquilamente esa noche junto a su bebe, confundida y asustada, pero una especie de fe o fervor religioso le hacia confiar que su hijo no iba a morir tan pronto.   Luís por su parte trataba de encontrar la respuesta entre los brujos del valle a lo que ocurría con su hijo e incluso, a pesar de su fe católica permitieron que el Pastor de la Iglesia Evangélica lo bendijera y lo bautice llamando al extraño niño, nacido con un brazo de más y una joroba en la cadera con el nombre de Pedro.
            Luís fue a ver su suerte entre los brujos del Valle del Elqui y llegó hasta la rancha de una señora llamada la Vieja Chifla. Golpeó y le abrió la puerta una vieja chica con un rostro de rasgos predominantemente indígenas
            -Pase.- le dijo y Luís entró a una pieza obscura y casi tenebrosa, en las paredes colgaban figuras para la suerte como la Cruz de Caravaca, La Virgen María, amuletos y toda clase de santería, velitas y figuras de trapo.
            -Luís se sentó y la bruja comenzó mirándole las manos y los ojos, el pelo y la lengua, diciendo que el mal que tenia le costaría 40 Lucas. Encendió un incienso y Luís canceló la deuda con dinero que obtuvo al vender unos zapatos viejos y otras cosas en la feria.
            -Cuéntame hijo ¿Que te aflige tanto? Para venir donde esta vieja anciana.

           -Mire señora, lo que pasa es que tengo un hijo que nació enfermo y no pude traerlo porque él es muy mal visto en la calle y los niños le gritan cosas, le dicen monstruo.- dijo sacándose la gorra muy nervioso.
           -¿Mijo y tiene una foto de el por ahí?
           -Si señora mire aquí esta.
           Grande fue la impresión de la vieja vidente al ver a esta deformada criatura y su comentario no fue muy bueno.
            -Hace unas semanas igual vino una niña a mostrarme su bebe recién nacido y a consultarme por su futuro, aquel niño tenia dos caras y murió a los días que vino a verme, pero que ocurre y que nos dice las hojas del te en la olla al fuego.- Al decir esto puso un puñado de hojas en la olla y el olor invadió la rancha y más rápido que el sonido se mezcló con los inciensos y la vieja miró las figuras de las hojas del te, por un instante tan basto que Luís sintió escalofríos de los sonidos que la vieja murmuraba y ella comió unos hongos y fumó una pipa hedionda y dulce y dijo.
           -“La culpa no es tuya de lo que le pasa a tu hijo
           Sino la culpa es de otros hombres oscuros y serios
           pero no menos repugnantes que enferman
           y rompen el equilibrio de lo que esta hecho por ambición de dinero
           por no saber controlas sus vicios.

           Porque todo en esta época es vicio de tener y comprar y no pensar en nada.
           Son otros monstruos que quieren enfermar
           pero su sacrilegio no terminara con la vida misma
           porque eso no es mano de hombre
           y la maldición que ha caído sobre ti, hijo
           no es tu culpa sino de otros que no están lejos de nosotros
           sino están cerca aquí entre nosotros
           y debes aprender que otras cosas morirán
           y se transformaran porque esto que ocurre
           es presagio de cosas fuera de nuestra comprensión”.

           Diciendo esto volvió a comer y a fumar de su gran pipa y estuvo nuevamente en silencio leyendo las hojas del te en el agua de la olla en el fogón y respiró muy profundamente como si le faltara el aire y la tristeza la invadió y dijo;

           -“Tu hijo a los Cinco Soles morirá
           porque su corazón es muy grande
           su cerebro saldrá por sus ojos
           y tu debes irte lejos de este valle
           porque tu estirpe sino será siempre monstruosa
           porque la lluvia que ha caído sobre ti
           ha caído con envidia y maldad
           y mucho daño te ha hecho,
           pero el daño vuelve como vuelve el viento y la marea”.

           Diciendo esto la bruja terminó de hablar y quedo quieta con su Rosario Negro entre las manos, hablando en silencio sólo para ella, porque lo que decía no era escuchable para otra persona, porque las palabras son espíritus que vuelven de donde salen y no es bueno darle vida a espíritus que no sean buenos, porque las palabras tienen poder y termino de hablar en silencio.
           Luís se aburrió de esperarla y se fue y otra mujer esperaba su turno para entrar a ver a la Vieja Chifla.
            Pedro creció y con el tiempo comenzó aprender a caminar, aunque su joroba le molestaba muchísimo pudo arrastrarse y jugar con la pelota que su padre le regaló.   Cerca de los cinco años pudo por fin salir a jugar al patio y aunque su cabeza era de un tamaño mayor a lo normal, tenía sus cinco sentidos y pensaba muy bien. Su problema estaba al tratar de decir cosas, ya que no hacia más que emitir ruidos guturales y escapársele la baba por la boca.
            Un día Pedro salió al patio mientras los niños que volvían del colegio pasaban por fuera de él en el camino. Los niños al ver a Pedro comenzaron a molestarlo y tirarle piedras.
           -¡Miren el monstruo miren, tiren le piedras, a ver quien le da un piedrazo!- los niños en su crueldad inocente comenzaron apedrear a Pedro y por fin una piedra le llegó en la cabeza. El los miraba y no entendía porque niños que no lo conocían, debían agredirlo y al sentir el dolor en su cabeza, comenzó a llorar, más su llanto eran gritos guturales que hicieron que los niños escaparan riéndose pero un poco asustados. Pedro no sabia que era esa palabra que los niños al verlo repetían.
           -¡Monstruo, monstruo!- escuchaba él, ¿Que seria, que significaría? Mas, no podía siquiera preguntar porque al tratar de hablar, solo emitía ruidos.
           Luís salio a buscarlo y lo obligó a entrar para limpiarlo. Pedro no quería pero el dolor era más fuerte y entró repitiendo aquella palabra.
           -¡Monstruo, Monstruo!- Sin saber que significaba.
           Al día siguiente, salió nuevamente al patio porque era imposible tenerlo tranquilo dentro de la mediagua. Sino volcaba las cosas, comía papeles y nadie lo podía corregir, por lo que era preferible que saliera a jugar sólo al patio y en la huerta. Al rato se alejó bastante de la casa por el patio trasero y cruzó la huerta, estaba descubriendo un nuevo mundo, desconocido para él, cuando ocurrió algo extraño. Pasó el avión con los pesticidas, dejando su estela de químicos sobre los campos y Pedro no supo que podía ser esa cosa que atravesaba el cielo a baja altura y haciendo un ruido molesto.
            ¡Monstruo, Monstruo!- Gritó y comenzó apedrear el aparato, mas sus piedras no llegaban a gran altura pues debido a su joroba no podía levantarse bien, era como un horrendo Jorobado de Notredame, un moderno Cuasimodo, pero más niño. Al pasar el avión, el ruido le produjo un dolor intenso en la cabeza y como era el Quinto Sol debía cumplirse su plazo fatal. Al alejarse del avión, Pedro decidió seguirlo, terminar con esa pesadilla aérea y matar el verdadero monstruo, porque en su mente descubrió que el aparato que esparce los fungicidas era el verdadero monstruo, como contarlo, como decirlo si al tratar de hablar sólo emitía ruidos inconexos e inentendibles. Decidió seguirlo, tal vez si lo encontraba, podría destruir el monstruo y terminar su maldición, corrió como pudo con su joroba en la cadera y su tercer brazo se azotaba sin control porque no tenía huesos ni músculos, era sólo una masa de carne sobrante, producto de la malformación congénita a la que había sido castigado.

           Atravesó siembras y viñedos y por fin en un gran espacio abierto lo encontró. Estaba seguro que este era el verdadero monstruo, este era el enemigo a destruir, el avión estaba posado sobre la losa de un aeródromo privado y cerca del lugar, una enorme casa con muchos lujos, concentraba el poder patronal de los dueños de las grandes viñas del Elqui. Era un lugar prohibido para los temporeros. Sólo acercarse a la casa patronal era razón inmediata de despido. Esta era otra gente, otro mundo lejos del mundanal espacio destinado a las mediaguas. Los dueños de la viña era gente blanca, rica y de cabellos rubios, con estudios en Europa y autos y ropa de marca. Pedro no sabía que era lo que estaba viendo.

           Se acercó y el avión descansaba tranquilo después de un día de faena y exterminar las pestes que asedian las cosechas, para que la uva nazca linda y jugosa y se transforme en exquisito vino que luego será vendido en París a inmensos precios y la mejor uva de mesa sea vendida a Londres y los temporeros que hacen el trabajo sucio no tienen idea de que es Londres o donde esta París, porque es mejor para el negocio así, que ellos no piensen ni sepan nada.
            Pedro tomó una piedra grande y se la arrojó al monstruo de metal. En el momento se escucharon los perros que oyeron el golpe sobre el avión. Varios perros olieron a Pedro y lo siguieron y él, al escuchar su ladrido sintió que debía huir y haciendo todo su esfuerzo posible, corrió y corrió como pudo y al saltar una cerca, los perros no lo alcanzaron. Mas debido a su avanzado estado de deformación, al gran tamaño de su cerebro y su corazón, Pedro cayó inconciente.
           Luís lo buscó por todos lados, en la huerta, en el chiquero, en las viñas y lo encontró camino al aeródromo. Tomó a su hijo en brazos y lo llevó a su choza. Lo depositó en su cama y lloró junto a su mujer la tragedia de su hijo. Pasó la noche y el niño agonizaba en su humilde cama rodeado de sus padres y sus abuelos, toda gente pobre sin dinero para llamar un médico. Al otro día, que era el día de su cumpleaños número cinco, Pedro escuchó a lo lejos una fiesta y una música carnavalesca. Mientras desfallecía se daba comienzo a la fiesta de la Vendimia donde los temporeros bebían gratis durante dos días auspiciados por la casa patronal. Con la Música alucinó un enorme avión que lo seguía por los viñedos y en la cola el avión llevaba una enorme ponzoña para matarlo. Comenzó a gritar y todos se asustaron de las palabras que decía. Pedro murió en forma horrenda gritando;
            ¡Monstruo, Monstruo!
           Luís y Ana nunca supieron porque habían sido lastimados de esta forma, ni porque su hijo había nacido así, dejaron atrás el Valle del Elqui, uno de los más hermosos lugares del mundo donde Gabriela escribió sus bellos poemas, porque Doña Chifla así lo recomendó.
           Pedro murió producto de la contaminación del feto durante el embarazo. La industria de la uva ha generado una riqueza sin precedentes con sus exportaciones desde Chile.
            Los hijos de los temporeros nacen enfermos por culpa de los pesticidas con que fumigan diariamente las viñas. La gente todavía cree que las malformaciones congénitas son producto de un castigo de dios.
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